Información Comercial Española, Revista de Economía · Ministerio de Economía, Comercio y Empresa
ISSN: 0019-‍977X · e-ISSN: 2340-‍8790
Número 942 · Enero-Febrero-Marzo · Versión de septiembre de 2025
https://doi.org/10.32796/ice.2026.942.7970

RESUMEN

Este artículo busca acercar al lector los avances recientes en economía internacional, presentando las ideas clave del Workshop in International Economics 2025. Resume ocho ponencias de expertos sobre temas como: nuevas perspectivas en la teoría del comercio internacional, la teoría del crecimiento unificado, problemas en los incentivos privados para innovar y soluciones mediante financiación, relación entre tecnología y productividad, y el papel de la política industrial. También aborda cuestiones sociales: bienestar más allá del producto interior bruto (PIB), influencia de factores psicológicos en decisiones económicas y el desafío demográfico de la baja natalidad en países ricos. En conjunto, ofrece una visión integral de retos económicos y sociales actuales.

Palabras clave: política comercial · crecimiento económico · política industrial.

JEL: F13 · F43 · O25.

ABSTRACT

This article aims to bring readers up to speed on recent advances in international economics, presenting the key ideas from the 2025 Workshop in International Economics. It summarizes eight expert presentations on topics such as: new perspectives in International Trade Theory, Unified Growth Theory, problems in private incentives for innovation and solutions through financing, the relationship between technology and productivity, and the role of industrial policy. It also addresses social issues: well-being beyond gross domestic product (GDP), the influence of psychological factors on economic decisions, and the demographic challenge of low birth rates in rich countries. Taken together, it offers a comprehensive view of current economic and social challenges.

Keywords: trade policy · economic growth · industrial policy.

Cómo citar este artículo / Citation:

Paniagua, M. y Paradinas, M. (2026). Nuevos desarrollos en economía internacional. Resumen de las principales cuestiones tratadas en el XIV Workshop in International Economics 2025. Información Comercial Española (ICE), Revista de Economía, (942), 117-‍130. https://doi.org/10.32796/ice.2026.942.7970

1. Introducción[Subir]

La Asociación de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado (ATCEE) busca impulsar la puesta en marcha de un programa de formación continua, en el que se enmarca el XIV Workshop in International Economics (en adelante, Workshop), que tuvo lugar en junio de 2025 en el Real Colegio Complutense en la Universidad de Harvard. Celebrado ininterrumpidamente desde el año 2009 hasta 2025 (salvo dos años de suspensión por la pandemia), este evento ocupa uno de los ejes centrales del plan de formación de la ATCEE.

La Asociación contó una vez más con el apoyo financiero y operativo de las fundaciones Ramón Areces y Rafael del Pino para el desarrollo del programa, que se articuló en nueve sesiones académicas, de dos horas de duración cada una, impartidas en inglés por profesores de amplia experiencia y reconocido prestigio con publicaciones relevantes en sus campos de especialización. Este año, el protagonismo correspondió a Pol Antràs, Oded Galor, Christopher Snyder, Diego A. Comin, Dani Rodrik, David Lagakos, David Laibson, Treb Allen y David N. Weil.

Pol Antràs analizó los efectos de las guerras comerciales y la relocalización productiva, que podrían tener consecuencias sobre la economía estadounidense superiores a las estimadas en los modelos convencionales. Por otro lado, Oded Galor, en su teoría sobre el crecimiento unificado, advierte de la importancia de comprender las fuerzas profundas que moldearon el pasado, como condición necesaria para liberarnos de sus trampas y diseñar sociedades más justas. En otras ponencias, tanto Christopher Snyder como Diego A. Comin destacaron la importancia de atacar los fallos de mercado en la innovación, así como la importancia de integrar la innovación en el corazón de los procesos productivos, respectivamente. Además, otros ponentes, como David Laibson o David Lagakos, incidieron en otros aspectos psicosociales como la importancia de sobrevalorar las recompensas inmediatas frente a los beneficios futuros o la necesidad de repensar los modelos económicos que tratan el trabajo únicamente como coste sin considerar las dimensiones intrínsecas del mismo como motor de crecimiento humano.

2. Resúmenes de las ponencias[Subir]

The Uncharted Waters of International Trade (Pol Antràs, Harvard University)[Subir]

Resumen elaborado por Marta Calleja Escudero y Juan Luis Cordero[1].

El profesor Pol Antràs centró su intervención en dos objetivos principales:

  • Examinar los avances recientes y las áreas aún inexploradas en la teoría del comercio internacional.

  • Reflexionar sobre los determinantes y efectos de las decisiones de política arancelaria de la Administración Trump.

Con respecto a los avances recientes en la teoría del comercio, ‍Antràs (2024) destacó algunos progresos significativos en los últimos años:

  • Teoría a nivel de empresa: el modelo de ‍Melitz (2003) mostró cómo las empresas más grandes y productivas participan más en el comercio internacional.

  • Cadenas globales de valor: los modelos recientes explican mejor el papel de las multinacionales en la fragmentación de procesos productivos y los beneficios (y vulnerabilidades) que generan.

  • Modelos cuantitativos: permiten estimar los efectos de cambios en políticas comerciales, como variaciones en aranceles, con pocos parámetros.

  • Trabajos empíricos con exogeneidad: ofrecen estimaciones rigurosas del efecto causal entre variables sin necesidad de partir de modelos teóricos.

Pese a estos avances, persisten áreas poco exploradas con amplio margen de investigación entre las que destacan:

  • Estructuras de mercado alternativas: muchas industrias relevantes no responden a la competencia monopolística, como el duopolio en la aviación o el cuasimonopolio en semiconductores.

  • Seguridad nacional vs. eficiencia: las tensiones geopolíticas exigen integrar esta disyuntiva en los modelos.

  • Economía del comportamiento: sesgos como la aversión a la pérdida ayudan a comprender el rechazo social a la globalización, dado que los costes del comercio son más visibles que sus beneficios.

  • Políticas de compensación: urge estudiar cómo mitigar los efectos adversos del comercio sobre regiones afectadas por la desindustrialización.

En el plano empírico, aún faltan respuestas satisfactorias sobre el impacto causal de políticas industriales o de promoción de exportaciones sobre el bienestar.

En la segunda parte, Antràs analizó la política comercial y arancelaria de la Administración estadounidense:

  • El anuncio de abril de 2025: sorprendió a los mercados al basarse en un simple cálculo del déficit bilateral, en lugar de un análisis de prácticas desleales. Ello generó incertidumbre y volatilidad, especialmente en países como Vietnam y Tailandia, beneficiados por el desvío de comercio desde China.

  • Escenario probable: aplicación de un arancel uniforme del 10 % (posiblemente mayor para China), acompañado de represalias equivalentes de otros países.

  • Complejidad de los efectos: el impacto de los aranceles depende del equilibrio general, del horizonte temporal y del grado de integración en las cadenas globales de valor.

Con respecto a la evaluación económica, partiendo de un enfoque tradicional (parcial), los aranceles elevan precios internos, benefician a productores, perjudican a consumidores y generan efectos ambiguos sobre el bienestar. Con represalias, el efecto neto suele ser negativo. Teniendo en cuenta un enfoque de equilibrio general:

  • Un arancel a las importaciones actúa como un impuesto a las exportaciones (simetría de Lerner).

  • La relocalización productiva puede generar economías de escala que compensen parcialmente.

  • Los movimientos en el tipo de cambio pueden amplificar o moderar los efectos.

Las cadenas globales de valor amplifican los costes del proteccionismo. Las superstar firms, altamente integradas y con fuertes inversiones fijas, resultan especialmente vulnerables a la incertidumbre arancelaria, generando fenómenos de histéresis que dificultan ajustes rápidos.

Entre las conclusiones, Antràs advirtió que las guerras comerciales y la relocalización productiva pueden acarrear costes significativos para la economía estadounidense, superiores a los estimados en modelos convencionales.

El gran trasfondo es la geopolítica: si bien la seguridad nacional es un objetivo legítimo, debe sopesarse frente a los elevados costes económicos de priorizarla. En la coyuntura actual de Washington, según Antràs, el «precio de reserva» de la seguridad nacional parece acercarse al infinito.

La teoría del crecimiento unificado: raíces del crecimiento y la desigualdad en la riqueza de las naciones (Oded Galor, Brown University)[Subir]

Resumen elaborado por Vicente J. Montes Gan[2].

La Unified Growth Theory (teoría del crecimiento unificado), desarrollada por el profesor Oded Galor, constituye uno de los intentos más influyentes y sistemáticos de las últimas décadas por ofrecer un marco integrador que explique la evolución del crecimiento económico a lo largo de la historia (‍Galor, 2024).

Este enfoque aborda dos grandes enigmas que han desafiado a generaciones de economistas, historiadores y científicos sociales:

  • El misterio del crecimiento: ¿cómo y por qué la humanidad pasó de milenios de estancamiento económico a una era de crecimiento sostenido?

  • El misterio de la desigualdad: ¿por qué algunas naciones avanzaron con mayor rapidez que otras, generando brechas tan profundas en riqueza y bienestar?

Según Galor, las respuestas se hallan en fuerzas profundas de carácter evolutivo, cultural e institucional que han operado a lo largo de la historia. Su propuesta conecta la historia económica con la demografía, la tecnología, la geografía, la cultura y la diversidad humana.

La larga era del estancamiento: dinámicas malthusianas[Subir]

Durante el 99 % de la historia de la humanidad, el ingreso per cápita global se mantuvo en niveles de subsistencia. En este marco malthusiano, cualquier mejora en la productividad derivaba en un aumento de población que diluía los avances económicos. El progreso tecnológico servía únicamente para sostener poblaciones más numerosas, sin elevar el nivel de vida.

Este equilibrio fue extraordinariamente estable. Como subrayó Galor, la vida de un campesino del siglo XV apenas difería de la de un agricultor romano o un pastor neolítico: esperanza de vida entre 25 y 40 años, alta mortalidad infantil y frecuentes hambrunas, enfermedades y conflictos.

Bajo esta aparente quietud actuaban, sin embargo, tres fuerzas de cambio:

  • Progreso tecnológico incremental, aunque insuficiente al inicio para elevar el bienestar.

  • Expansión poblacional, que aumentaba el número de potenciales innovadores.

  • Adaptación biológica y cultural, en respuesta a presiones ambientales.

Estas dinámicas se reforzaban mutuamente, preparando el terreno para una transformación radical.

La transición del «líquido al gas»[Subir]

Para explicar el cambio histórico, Galor recurre a una analogía física: al igual que el agua se calienta durante largo tiempo hasta alcanzar el punto de ebullición y transformarse en vapor, la humanidad permaneció durante milenios en un estado de «estancamiento líquido» hasta que las fuerzas de cambio alcanzaron un punto crítico, desencadenando un salto hacia el crecimiento sostenido.

Este proceso no respondió a un shock externo, sino a un punto de inflexión interno, resultado de la retroalimentación positiva entre tecnología, población y adaptación cultural. El progreso tecnológico elevó la demanda de capital humano, lo que redujo la fertilidad: las familias tuvieron menos hijos, pero mejor educados. Esto permitió que la renta per cápita creciera sin ser absorbida por el crecimiento poblacional.

La transición demográfica, iniciada en Europa occidental en el siglo XIX, inauguró así una nueva era de crecimiento sostenido y mejora progresiva del bienestar. Sin embargo, no se produjo de manera simultánea en todas las regiones, lo que explica gran parte de las desigualdades actuales.

La divergencia y el origen de la desigualdad[Subir]

Uno de los aportes centrales de Galor es que la desigualdad entre naciones hunde sus raíces en la evolución histórica y geográfica de las sociedades. Su explicación no se limita al presente, sino que remite a factores estructurales acumulados durante milenios:

  • Geografía: condiciones ecológicas, fertilidad del suelo, enfermedades endémicas, aislamiento.

  • Instituciones: inclusivas o extractivas, surgidas en función de la densidad poblacional y la complejidad social.

  • Cultura: orientación al futuro, valores familiares, capital social.

  • Diversidad humana: genética, fenotípica y cultural.

En este último punto, Galor destaca una aportación novedosa: la relación en forma de U invertida entre diversidad y prosperidad. Una diversidad que impulsa la innovación y la creatividad; en cambio, niveles extremos —muy altos o bajos— dificultan la cohesión o el dinamismo.

Evidencia empírica e ilustraciones históricas[Subir]

Galor ilustró su teoría con ejemplos históricos y comparativos:

  • La Revolución Gloriosa inglesa (1688), que consolidó instituciones inclusivas y derechos de propiedad, clave para el despegue industrial.

  • La evolución divergente de Corea del Norte y Corea del Sur en el siglo XX, con instituciones y resultados radicalmente distintos pese a compartir cultura y geografía.

En cuanto a la diversidad, explicó cómo las migraciones fuera de África redujeron sucesivamente la variabilidad genética y cultural, condicionando a largo plazo la creatividad y la cohesión social. En el mundo actual, sin embargo, una diversidad moderada —como en Estados Unidos— constituye una ventaja adaptativa en un entorno de rápida transformación tecnológica.

Implicaciones de política pública[Subir]

La teoría de Galor ofrece lecciones directas para el diseño de políticas:

  • Educación y capital humano deben situarse en el centro de toda estrategia de desarrollo, al ser la principal herramienta de adaptación a entornos tecnológicos cambiantes.

  • Políticas diferenciadas: no existen recetas universales; las políticas efectivas dependen de legados históricos, institucionales y culturales específicos.

  • Reducción de desigualdades estructurales, como la exclusión social, la corrupción o el cortoplacismo, que actúan como barreras de fondo al crecimiento inclusivo.

  • Gestión de la transición demográfica como oportunidad para invertir en cada individuo, favorecer la participación femenina en el mercado laboral y aprovechar tecnologías que eleven la productividad.

  • Diversidad y cohesión: aprovechar el potencial creativo de la diversidad, pero gestionarla con políticas de integración que refuercen la estabilidad institucional.

Conclusión: el viaje de la humanidad[Subir]

La teoría del crecimiento unificado ofrece una narrativa multidimensional, rigurosa y empíricamente validada sobre el desarrollo humano, conectando economía, biología evolutiva, demografía, antropología e historia.

En palabras de Galor, «la historia no es destino». Comprender las fuerzas profundas que moldearon el pasado es condición necesaria para liberarnos de sus trampas y diseñar sociedades más justas, sostenibles e inclusivas.

Gaps in Private Innovation Incentives: Sources and Solutions (Christopher Snyder, Dartmouth College)[Subir]

Resumen elaborado por Carmen Alonso Villaseñor y Cristina Roca Hernández de Armijo[3].

Christopher Snyder, profesor de Economía en Dartmouth College y codirector del Market Shaping Accelerator (MSA), presentó un análisis detallado sobre las deficiencias de los incentivos privados a la innovación y las posibles soluciones mediante nuevos mecanismos de financiación. Su ponencia, dividida en dos partes, combinó la experiencia práctica del MSA con un marco teórico sobre la financiación push y pull.

La misión del MSA y la insuficiencia de la inversión privada[Subir]

El MSA, iniciativa conjunta con el Center for Global Development y la Universidad de Chicago, busca diseñar mecanismos que aceleren la innovación frente a desafíos globales como la salud, el cambio climático y la sostenibilidad.

La motivación de esta labor parte de un hecho ampliamente documentado: la inversión privada en investigación y desarrollo (I+D) suele ser insuficiente en sectores donde los beneficios sociales superan ampliamente los privados. Un dólar invertido en I+D puede generar retornos sociales multiplicados por cinco, e incluso más en áreas como la preparación frente a pandemias o las tecnologías limpias. Sin embargo, el sector privado carece de incentivos suficientes para abordar proyectos de alto coste, riesgo elevado y beneficios difusos, lo que justifica la intervención de gobiernos, filántropos y organismos internacionales.

Financiación push y pull[Subir]

Snyder distinguió entre dos esquemas de financiación:

  • Push funding: subvenciones, contratos de investigación o créditos fiscales que proporcionan recursos al inicio del proyecto. Su ventaja es reducir los costes iniciales, pero presenta riesgo moral: al recibir el dinero por adelantado, la empresa puede carecer de incentivos suficientes para garantizar el éxito.

  • Pull funding: recompensas condicionadas a resultados verificables, como premios o compromisos de compra futura (Advance Market Commitments, AMC). Este esquema reduce el riesgo moral, aunque requiere calibrar cuidadosamente el tamaño de los incentivos para evitar rentas excesivas.

Según Snyder, la clave no es elegir entre ambos mecanismos, sino diseñar una combinación adecuada que maximice la innovación y minimice los costes de información y supervisión. Como ejemplos prácticos, resaltó algunos ejemplos del MSA Innovation Challenge que ilustran estas ideas. De 186 candidaturas de 16 países, se seleccionaron tres finalistas:

  • Antivirales de amplio espectro: fundamentales para responder a virus emergentes con potencial pandémico. El compromiso público de compra y almacenamiento puede alinear incentivos en un mercado incierto.

  • Diagnósticos rápidos de sepsis neonatal: propuestos mediante un AMC de 100 millones de dólares, financiado con subsidios de donantes y copagos de compradores, con un alto impacto medido en DALYs (Disability Adjusted Life Year) evitados.

  • Reutilización de medicamentos genéricos: un AMC de hasta 300 millones de dólares por nuevas aprobaciones regulatorias incentivaría ensayos clínicos para usos alternativos de fármacos existentes.

Estos ejemplos ponen de relieve la brecha entre incentivos privados y beneficios sociales, y el potencial del pull funding para cerrarla.

El marco teórico[Subir]

En la segunda parte, Snyder presentó un modelo de principal-agente: el inversor (principal) financia a la empresa innovadora (agente), que posee información privada sobre sus probabilidades de éxito.

  • Si no existe riesgo de desvío de fondos, el esquema óptimo es financiar mediante push, que minimiza las rentas derivadas de la ventaja informativa.

  • Si hay riesgo de desvío, se requiere un componente pull condicionado al éxito. Cuanto mayor sea la facilidad de desvío, mayor debe ser la proporción de financiación pull.

  • Con restricciones de responsabilidad limitada, el óptimo se reduce a dos esquemas extremos: todo push sin pagos de entrada, o todo pull con recompensas únicamente por éxito.

Conclusiones[Subir]

Snyder concluyó que el push funding sigue siendo útil para reducir rentas de información, mientras que el pull funding es indispensable para combatir el riesgo moral. Una combinación calibrada de ambos ofrece la solución óptima en la mayoría de los contextos. De cara al futuro, propuso investigar:

  • Escenarios con múltiples empresas compitiendo, donde el pull permite seleccionar actores más serios.

  • La influencia del descuento temporal, que favorece el push al ofrecer liquidez inmediata.

  • El impacto de las carreras de patentes.

  • La cuantificación empírica de los beneficios multiplicadores de la innovación en sectores críticos.

Finalmente, la intervención de Snyder ofreció un panorama completo de la economía política de la innovación. Desde la práctica del MSA hasta la teoría formal de incentivos, mostró que los fallos de mercado en innovación no son una abstracción académica, sino un obstáculo tangible para abordar retos urgentes como pandemias, resistencia antimicrobiana y transición energética.

Sofisticación tecnológica en las empresas (Diego A. Comin, Dartmouth College)[Subir]

Resumen elaborado por Ana Fernández y Beatriz Mendes[4].

En el debate económico contemporáneo, pocas cuestiones resultan tan centrales como la relación entre tecnología y productividad.

El profesor Diego A. Comin presentó los resultados de su investigación —realizada junto a Cirera y Cruz— (‍Comin et al., 2025), que ofrece una nueva metodología para medir la tecnología y comprender mejor las diferencias de productividad entre países.

Este enfoque deja de lado tres realidades fundamentales:

  • La multiplicidad de tecnologías que intervienen en la producción de cualquier establecimiento.

  • La forma en que operan las empresas que no utilizan tecnologías de frontera.

  • Y, de manera crucial, la intensidad con que se emplean las tecnologías adoptadas.

Una nueva metodología: la «grid»[Subir]

Para superar estas limitaciones, Comin y sus coautores diseñaron una aproximación conceptual y empírica basada en la función de producción por tareas (task-based production function).

Crearon una red (grid) bidimensional que descompone la anatomía productiva de cada establecimiento en:

  • Dimensión horizontal (funciones): incluye tanto funciones generales comunes a todos los sectores (administración, pagos, ventas) como funciones específicas en 12 sectores principales (desde agricultura hasta servicios financieros o automoción).

  • Dimensión vertical (tecnologías): enumera las tecnologías aplicables a cada función, ordenadas según su nivel de sofisticación, desde las más rudimentarias hasta la frontera mundial.

  • La red incorpora 305 tecnologías distintas y se aplicó en la encuesta Firm Adoption of Technology (FAT), que abarca más de 20.000 establecimientos en 15 países de diferentes niveles de desarrollo.

Adopción vs. difusión interna: MAX y MOST[Subir]

El gran aporte de la encuesta FAT es diferenciar dos márgenes de modernización:

  • MAX: mide la sofisticación de la tecnología más avanzada que un establecimiento utiliza en una función.

  • MOST: mide la tecnología más intensivamente usada en esa función.

A diferencia de lo que suponen muchos modelos, Comin demuestra que MAX y MOST no coinciden en la mayoría de los casos. En un 63 % de las funciones con más de una tecnología, la más usada (MOST) no es la más sofisticada disponible (MAX).

Este hallazgo revela que las empresas suelen adoptar tecnologías de frontera de manera marginal o experimental, mientras que la producción cotidiana sigue descansando en tecnologías más antiguas.

Productividad y sofisticación tecnológica[Subir]

La distinción entre MAX y MOST ayuda a explicar la dispersión de la productividad:

  • La sofisticación tecnológica explica un 31 % de la varianza de productividad entre establecimientos (y cerca del 50 % en agricultura).

  • En contraste, las medidas tradicionales (uso de internet, electricidad o computadoras) explican apenas el 18 %.

  • Lo más relevante es que la productividad está más correlacionada con MOST —la difusión intensiva— que con MAX.

El mensaje de política económica es claro: la clave no es solo adoptar tecnologías avanzadas, sino difundirlas ampliamente en los procesos productivos.

Tecnología y desarrollo[Subir]

Comin también abordó la hipótesis de la «tecnología apropiada», formulada por Acemoglu y Zilibotti. Esta sostiene que las tecnologías avanzadas, diseñadas en países de renta alta, serían «inapropiadas» para los países en desarrollo debido a su escasez de capital humano y físico.

Sin embargo, los datos de la encuesta FAT permiten ponerla a prueba directamente. El resultado es concluyente: la elasticidad de la productividad respecto a la sofisticación tecnológica no es menor en países de bajos ingresos. La tecnología avanzada es, por tanto, «genéricamente apropiada». Las barreras a la modernización no radican en un menor producto marginal de las nuevas tecnologías, sino en la capacidad de difundirlas de forma intensiva.

Conclusiones[Subir]

Como conclusión, la ponencia de Diego A. Comin presentó una metodología innovadora que redefine la medición de la tecnología en la empresa. Al separar la adopción de frontera (MAX) de la difusión interna (MOST), su investigación demuestra que la verdadera batalla por la productividad no se libra únicamente en la adopción de la innovación, sino en su integración profunda en el corazón de los procesos productivos.

Industrial Policies for the Middle Class, the Climate, and the Global Poor (Dani Rodrik, Harvard Kennedy School of Government)[Subir]

Resumen elaborado por Elena Écija Cubertoret[5].

La ponencia de Dani Rodrik giró en torno a la evolución, retos y perspectivas de la política industrial (PI). Su mensaje central puede resumirse en el principio de live and let live: cada país debe contar con margen para aplicar sus políticas industriales sin imposiciones externas excesivas, siempre que no perjudiquen gravemente a otros.

Rodrik explicó cómo la política industrial, tras décadas de escepticismo, ha resurgido en el debate económico contemporáneo, al convertirse en una herramienta clave para afrontar tres grandes retos:

  • Reconstruir la clase media en los países desarrollados.

  • Luchar contra el cambio climático como desafío global.

  • Reducir la pobreza en los países en desarrollo.

Tradicionalmente, la política industrial se concebía como un mecanismo para internalizar externalidades, recurriendo a incentivos pigouvianos —subsidios y gravámenes— con especial atención a los sectores de alta tecnología.

Pese a sus fundamentos teóricos, la PI enfrentó críticas por dos motivos principales:

  • Información incompleta por parte de los policy makers.

  • Riesgo de captura regulatoria por parte de las empresas beneficiarias.

Estos problemas llevaron a concluir que la PI era ineficaz. Sin embargo, en los últimos 10-‍15 años ha resurgido, siempre que se cumplan tres condiciones:

  1. Acceso a la información de calidad para los decisores.

  2. Suficiente distancia entre reguladores y empresas.

  3. Condicionalidad de las ayudas: retirarlas si no se cumplen los compromisos.

Hoy, la política industrial busca transformar la estructura productiva favoreciendo unas actividades frente a otras. Su aplicación se percibe más aceptable cuando se apoya a un sector en lugar de gravar a su opuesto.

En el ámbito climático, Rodrik defendió que la PI (la «zanahoria») es más eficaz para la descarbonización que los sistemas de precios al carbono (el «palo»). Tres pilares la sostienen:

  • Fijación de precios a los gases de efecto invernadero (GEI): expandir los sistemas de comercio de emisiones y duplicar los precios.

  • Subsidios a renovables y tecnologías verdes: principales responsables de los avances recientes.

  • Equidad global: permitir que los países pobres se pongan al día mediante transferencias tecnológicas y financieras.

El mayor éxito reciente es la rápida reducción de costes en energías renovables, impulsada en gran medida por China, que buscó tanto descarbonización como ventajas geopolíticas. La UE también ha ejercido liderazgo en este campo, mientras que EE UU muestra un enfoque más doméstico.

Un ejemplo de fracaso es el caso Solyndra: el Departamento de Energía concentró todo el apoyo en una sola empresa en lugar de diversificar riesgos, lo que acentuó el impacto del fracaso.

Como conclusión, Rodrik cerró su intervención con una serie de reflexiones:

  • Sobre el empleo y la clase media:

    • Los buenos empleos son esenciales para sostener la clase media y la democracia.

    • Más allá de políticas de demanda, son los empleos con propósito e ingresos dignos los que fortalecen el tejido social.

    • El deterioro del empleo en regiones concretas alimenta tensiones sociales y populismo.

  • Sobre el futuro del trabajo y política industrial:

    • La política industrial debe orientarse hacia el sector servicios.

    • De los empleos más demandados en 2033, la mayoría no requerirá estudios universitarios, pero todos deberán ser de calidad.

    • La tecnología debe ser aliada del trabajador, aumentando su productividad sin reemplazarlo.

  • Sobre el comercio internacional y los subsidios verdes:

    • Las intervenciones públicas, como la inversión en capital humano, modifican los términos de intercambio.

    • Las exportaciones verdes subsidiadas generan beneficios dobles: económicos y ambientales.

  • Sobre los riesgos y las reglas globales:

    • Los países deben tener margen para equivocarse: las organizaciones internacionales no siempre corrigen mejor.

    • Solo las políticas de beggar-thy-neighbor deben ser limitadas; el resto deben tolerarse bajo el principio de «vive y deja vivir».

Finalmente, la visión de Rodrik sitúa la política industrial como instrumento indispensable para reconstruir la clase media, afrontar el cambio climático y reducir la pobreza global. La clave consiste en diseñarla con instituciones sólidas, condicionalidad y un enfoque pragmático que combine eficacia, justicia social y flexibilidad internacional.

Más allá del PIB: sentido vital y bienestar en la historia (David Lagakos, Stelios Michalopoulos y Hans-Joachim Voth)[Subir]

Resumen realizado por Andrea Cerezal, Ramón González y Patricia Marca[6].

‍David Lagakos, economista de la Universidad de Boston, presentó junto con ‍Stelios Michalopoulos y Hans-Joachim Voth (2025) un estudio que combina historia, economía del bienestar e inteligencia artificial para responder a una pregunta fundamental: ¿qué da sentido a la vida de las personas?

El punto de partida fueron las American Life Histories, un archivo excepcional de más de 1.400 relatos de vida recopilados en los años treinta en Estados Unidos bajo el Federal Writer’s Project, parte del New Deal de Roosevelt. Escritores desempleados entrevistaron a personas mayores, registrando con libertad sus recuerdos, aspiraciones y dificultades.

Una nueva metodología[Subir]

El estudio aplica un marco innovador para analizar estas narrativas mediante grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), combinados con validación humana. Hasta ahora, los métodos tradicionales (como diccionarios de palabras) resultaban demasiado rígidos para captar matices.

Los autores proponen un enfoque inspirado en el test de Turing: un LLM «aprueba» solo si sus respuestas son estadísticamente indistinguibles de las de un grupo de lectores humanos. Para ello, utilizan:

  • Fragmentación del texto en pasajes breves (≈150 palabras), donde los modelos ofrecen mayor fiabilidad.

  • Evaluación multietapa: un primer LLM extrae información y autoevalúa su confianza, mientras que un segundo modelo actúa como auditor, validando la evidencia y filtrando resultados de baja calidad.

Este protocolo establece una vía robusta y escalable para analizar textos históricos complejos.

Resultados principales[Subir]

El análisis revela qué factores daban sentido a la vida de los estadounidenses que atravesaron la Gran Depresión:

  • Trabajo y trayectoria profesional: aparece en el 49 % de las narrativas, no como actividad instrumental, sino como fuente de orgullo, reconocimiento y realización personal.

  • Comunidad: mencionada en un 45 % de los relatos, como espacio de apoyo y pertenencia.

  • Familia y relaciones personales: presentes en el 39 %.

Estos hallazgos cuestionan la visión clásica del trabajo como mera desutilidad y reivindican la idea del homo faber: el ser humano definido por su actividad productiva.

El estudio identificó patrones diferenciados según características individuales de género, estatus y migración:

  • Mujeres: relatan con mayor frecuencia experiencias dolorosas (muerte de familiares, adversidades), reflejando su rol como «guardianas del parentesco». También muestran mayor inclinación a encontrar sentido en la religión y en la resiliencia.

  • Individuos de mayor estatus socioeconómico: más proclives a señalar el trabajo como fuente de propósito, lo que sugiere retornos no monetarios asociados a empleos de calidad.

  • Migrantes internos en EE UU: tienden a expresar visiones más optimistas, asociando sentido a la educación y a la aventura.

Medición de la satisfacción vital[Subir]

Los autores desarrollaron una escala cardinal (1-‍7) de satisfacción retrospectiva para cada narrativa. Al comparar las evaluaciones de los LLM con las de lectores humanos, hallaron una alta correlación. Los predictores más robustos de satisfacción elevada fueron:

  • encontrar propósito en el trabajo y en la comunidad;

  • mientras que choques negativos de salud y financieros se asociaron sistemáticamente con menor satisfacción.

Conclusiones[Subir]

Como conclusiones, este estudio ofrece una doble contribución:

  • Metodológica: demuestra cómo los LLM, validados con rigor, permiten analizar grandes corpus de texto histórico de forma fiable.

  • Sustantiva: amplía la comprensión del bienestar humano, mostrando que, para las generaciones que construyeron la América moderna, el trabajo y la comunidad fueron tan importantes para una vida plena como los vínculos familiares.

La investigación invita a repensar los modelos económicos que tratan el trabajo únicamente como coste, y a valorar sus dimensiones intrínsecas como motor de crecimiento humano y fuente de sentido vital.

Present Bias and Paternalism (David Laibson, Harvard University)[Subir]

Resumen elaborado por Javier Magán Arcones y Bárbara Martínez Terrón[7].

La economía conductual, rama de la ciencia económica que analiza cómo los factores psicológicos influyen en la toma de decisiones, ha adquirido gran relevancia en las últimas décadas. A los avances pioneros de Kahneman y Tversky con la teoría de la prospectiva se sumaron posteriormente Robert Thaler y Cass Sunstein, quienes desarrollaron la teoría del nudge, introduciendo el concepto de «paternalismo libertario» y explorando el papel del sector público en la orientación de las decisiones individuales hacia resultados más favorables.

En este contexto, David Laibson, profesor de Harvard, ha dedicado gran parte de su trayectoria a profundizar en esta disciplina. Su ponencia abordó la tensión entre el ideal del homo economicus —dotado de autocontrol perfecto y racionalidad constante— y el comportamiento real de las personas, ampliamente documentado por la evidencia empírica.

El sesgo hacia el presente[Subir]

Uno de los hallazgos más relevantes de la economía conductual es el present bias, o sesgo hacia el presente: la tendencia a sobrevalorar las recompensas inmediatas frente a los beneficios futuros. Este sesgo se observa tanto en decisiones cotidianas (como la alimentación o la inscripción en gimnasios) como en decisiones financieras (planes de ahorro, seguros o suscripciones).

El sesgo se formaliza en los modelos de descuento hiperbólico mediante el parámetro β, que suele estimarse en torno a 0,5. Esto refleja que los individuos asignan un valor desproporcionadamente bajo a beneficios o costes futuros cuando la decisión debe adoptarse en el presente, lo que conduce a procrastinación y elecciones subóptimas.

Laibson subrayó que este sesgo no varía significativamente por género, edad ni etapa vital, ni muestra diferencias marcadas entre beneficios y costes: en ambos casos, el presente prevalece sobre el futuro.

El present bias tiene además una base neurocientífica. Distintos estudios muestran la dualidad entre los sistemas cerebrales que responden a recompensas inmediatas (principalmente límbicos) y aquellos que evalúan consecuencias futuras (corteza prefrontal). Esta tensión explica por qué la voluntad no siempre basta para contrarrestar impulsos inmediatos: el sistema orientado al ahorro a largo plazo no siempre controla la decisión cuando aparece una tentación presente.

Estrategias de política pública[Subir]

Ante esta evidencia, Laibson planteó cómo diseñar políticas públicas que ayuden a superar la procrastinación sin recurrir a un paternalismo rígido. La clave reside en la arquitectura de las decisiones (choice architecture): estructurar el entorno para que las elecciones óptimas resulten más fáciles y atractivas, sin restringir la libertad individual.

Ejemplo de ello es la elección activa (active choice): exigir al individuo seleccionar entre opciones, en lugar de inscribirlo automáticamente o dejar la inscripción voluntaria. Este diseño reduce la inacción y fomenta la autonomía, al tiempo que mejora los resultados.

Otro aspecto crucial es la reducción de fricciones burocráticas. Obstáculos aparentemente menores —como formularios extensos o demoras en el registro— reducen significativamente la participación en programas beneficiosos. Simplificar procesos e incorporar opciones digitales incrementa la efectividad de las políticas.

Según Laibson, el paternalismo no debe entenderse como imposición, sino como apoyo. En contextos donde los comportamientos son sistemáticamente subóptimos —ahorro insuficiente, procrastinación—, un entorno de decisión mejor diseñado permite resultados superiores sin eliminar la autonomía individual.

Las intervenciones bien concebidas no perjudican a quienes ya ejercen autocontrol, pero sí ofrecen un apoyo crucial a quienes lo necesitan. Un ejemplo ilustrativo es el ahorro para la jubilación en Estados Unidos: aunque los sistemas permiten retiradas anticipadas, el diseño de incentivos y estructuras condiciona de forma significativa la conducta de ahorro.

Conclusiones[Subir]

La economía conductual revela que alejarnos del ideal racional no implica resignarse a la ineficiencia. Al contrario, abre la puerta a políticas públicas más realistas y eficaces, capaces de ayudar a los individuos a tomar mejores decisiones sin sacrificar su libertad de elección.

La fertilidad de reemplazo no es natural, ni óptima, ni probable (David N. Weil, Brown University)[Subir]

Resumen realizado por Gracia Pujadas y Katia Mesonero[8].

En su ponencia Replacement Fertility is Neither Natural nor Optimal nor Likely (‍Weil, 2023), David N. Weil abordó una de las preocupaciones demográficas más urgentes de nuestro tiempo: la persistencia de tasas de fertilidad por debajo del nivel de reemplazo en países de altos ingresos y, cada vez más, también en economías de ingresos medios.

En gran parte del mundo desarrollado, las tasas de natalidad han caído y se han mantenido muy por debajo del umbral necesario para estabilizar la población —aproximadamente 2,1 hijos por mujer—. Estas dinámicas han suscitado advertencias alarmistas de políticos, intelectuales y líderes religiosos: el papa Francisco calificó la baja natalidad como una «emergencia social» y Elon Musk ha advertido de un posible «colapso civilizacional». Gobiernos como los de China, Rusia y varios países europeos han introducido políticas explícitas para incentivar la fertilidad. Sin embargo, pese a estas preocupaciones e intervenciones, la fertilidad no ha regresado al nivel de reemplazo y, en muchos casos, continúa descendiendo.

La tesis central de Weil es clara: la fertilidad de reemplazo no debe entenderse como un equilibrio demográfico natural, no puede considerarse óptima en términos de bienestar social, y no es probable que reaparezca en el futuro previsible.

Primer pilar: no es un ancla natural[Subir]

Históricamente, las tasas de fertilidad se situaban en torno al nivel de reemplazo por las dinámicas malthusianas de población y recursos: un crecimiento demográfico reducía el ingreso per cápita, elevaba la mortalidad y reducía la fecundidad, estabilizando los nacimientos y las muertes.

Las sociedades modernas han escapado de esa trampa. La reducción de la mortalidad provino de mejores niveles de vida, avances médicos y políticas de salud pública. A su vez, el descenso de la natalidad no se explica solo por la mortalidad, sino por transformaciones estructurales asociadas a la modernización:

  • Retornos crecientes a la educación y al capital humano.

  • Urbanización, que eliminó el papel productivo de los hijos en la agricultura.

  • Estado del bienestar, que redujo la necesidad de los hijos como seguro en la vejez.

  • Secularización, que debilitó los imperativos culturales y religiosos de las familias numerosas.

  • Mayor autonomía femenina, gracias a la educación, la participación laboral y los derechos legales.

  • Innovaciones tecnológicas, en especial los métodos anticonceptivos.

Nada en estas fuerzas sugiere un retorno natural a la fertilidad de reemplazo. La intuición de que «dos hijos es lo correcto» responde más a expectativas culturales que a un principio demográfico inevitable.

Segundo pilar: no es óptima[Subir]

Buena parte de la preocupación por la baja fertilidad se centra en el aumento de la ratio de dependencia, pues tanto niños como ancianos consumen más de lo que producen. Sin embargo, Weil mostró que este temor requiere matices.

Durante la transición demográfica, las economías disfrutan de un dividendo demográfico: la caída de la fertilidad aumenta la proporción de adultos en edad de trabajar, impulsando el crecimiento del ingreso per cápita. Más adelante, el envejecimiento incrementa la dependencia, pero incluso en poblaciones estables las diferencias económicas entre tasas de reemplazo y subreemplazo son moderadas. Weil calcula que una población decreciente al 2 % anual tendría un consumo per cápita apenas un 7-‍15 % inferior al de una población sin crecimiento.

Además, con menos trabajadores nuevos, es más fácil aumentar el capital por trabajador, sosteniendo la productividad. Aunque los sistemas públicos de transferencias introducen distorsiones —los padres asumen los costes privados de criar hijos, mientras los beneficios fiscales se reparten socialmente—, la evidencia no justifica considerar la fertilidad de reemplazo como óptima.

También en términos de bienestar, una menor población reduce la presión sobre recursos no renovables y emisiones de carbono. Por tanto, desde una perspectiva ambiental, la baja fertilidad puede ser incluso preferible.

Tercer pilar: no es probable[Subir]

Durante décadas, las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) asumieron que la fertilidad convergería hacia el nivel de reemplazo. La realidad demostró lo contrario: países como Japón o Corea del Sur siguen muy por debajo de esa cifra y no muestran señales de retorno. Desde 2012, la ONU utiliza modelos probabilísticos que ya no presuponen convergencia a 2,1. Las previsiones actuales estiman que países como Italia, Corea del Sur o Japón permanecerán muy por debajo del reemplazo incluso en 2100, con menos de un 10 % de probabilidad de alcanzarlo.

Las políticas pronatalistas han mostrado eficacia limitada. Subsidios, permisos parentales, guarderías, ayudas a la vivienda o campañas propagandísticas apenas logran estabilizar la fertilidad, pero no restaurarla. Además, sus costes fiscales son elevados: en EE UU, subir la fertilidad de 1,7 a 2,1 exigiría más de 5.000 dólares anuales por niño en subsidios, lo que supondría unos 400.000 millones de dólares al año.

A ello se añade el problema político: las cohortes de mayor edad, mayoría en el electorado, no suelen apoyar políticas cuyos beneficios llegarían décadas después.

Incluso la composición demográfica aporta poco margen de reversión. Aunque algunos grupos de alta fertilidad —como judíos ultraortodoxos o mormones— mantienen crecimiento sostenido, su tamaño es demasiado pequeño como para alterar las medias nacionales en el corto o medio plazo.

Conclusiones[Subir]

Como conclusión, Weil resumió sus tres afirmaciones clave:

  • La fertilidad de reemplazo no es natural, pues las dinámicas malthusianas ya no operan en sociedades modernas.

  • No es óptima, ya que las diferencias en crecimiento poblacional tienen efectos económicos moderados y, en muchos aspectos, la baja fertilidad puede ser preferible.

  • No es probable, dado que las proyecciones demográficas y la limitada eficacia de las políticas pronatalistas apuntan a un futuro con fertilidad persistentemente baja.

3. Conclusiones[Subir]

En definitiva, la edición de 2025 del Workshop in International Economics supuso un año más una privilegiada oportunidad para los asistentes de aproximarse a algunos de los análisis de los economistas más prestigiosos en la actualidad. Este curso permitió plantear reflexiones tan actuales como el impacto de los aranceles impuestos por el gobierno estadounidense, la importancia de incorporar la innovación en los procesos productivos o la relevancia de la política industrial como instrumento indispensable para reconstruir la clase media o reducir la pobreza global. También se plantearon otros análisis de tipo social, como la persistencia de tasas de fertilidad por debajo de las tasas de reemplazo o el estudio de David Lagakos, que combina historia, economía del bienestar e inteligencia artificial para poder responder a una pregunta fundamental sobre el sentido de la vida de las personas.